TLACOLULA · FIESTA PATRONAL

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Sí, es el segundo domingo de octubre, me confirmó un amigo cuando le pregunté por la fecha de la fiesta patronal de Tlacolula, Oaxaca. A él lo conocí hace unos meses y por ser parte del comité organizador de esta celebración, sabía todos los detalles.

Fue entonces que planeé todo para poder estar ahí y ser testigo de esta fiesta que pintaba interesante y a la vez me garantizaba una gran oportunidad para hacer fotografías. 

Los preparativos iniciaron desde el viernes por la mañana con un desayuno que ofrecieron los organizadores en el atrio de la parroquia a todos los que participarían en esta fiesta. Desde temprano todos se dedican a tener sus trajes listos: las jóvenes canasteras se dedican a armar sus canastos con bellos arreglos florales, mientras que los hombres se concentran en armar las maramotas (erróneamente llamadas marmotas), que son estructuras de madera de forma circular forradas de tela de distintos tamaños. También hay niños que llevan sus maramotas ajustadas a sus tamaños y con ellos comenzar a formar parte de esta tradición.
En punto de las 3 de la tarde se llevó a cabo la misa, dentro de la cual hubo un momento que me pareció interesante y es cuando la banda tocó un son dentro de la iglesia con el cual bailan las canasteras.
Una vez terminada la misa, todos se reunieron en el atrio para bailar. Las maramotas fueron levantadas dando lugar a una escena muy colorida y con un verdadero ambiente de fiesta y alegría. Luego caminaron hacia el Palacio Municipal donde hicieron una pausa para comer y beber, pues lo que seguía era la calenda (proseción) que duraría varias horas.
Pasaron quizás 30 minutos para que comenzara a formarse dicha calenda que recorrió el pueblo anunciando e invitando a la fiesta. La gente se fue integrando poco a poco durante su largo recorrido por las diferentes secciones. La calenda terminó cerca de las 2 de la mañana. Al finalizar las canasteras depositaron sus canastas en el templo como ofrenda.
El día siguiente (sábado) se llevó a cabo una misa a las 11 de la mañana, posteriormente se repitieron los bailables con maramotas y canasteras en el atrio. Cuando terminaron todos pasaron a la capilla del señor de Tlacolula (que está actualmente en restauración) donde los organizadores obsequiaron a los visitantes un clavel o una rosa, con la que se entra a orar y adorar a la imagen del Cristo y luego llevársela como reliquia.
Afuera del templo se comenzó a servir comida para 3,000 personas que los mismos habitantes de Tlacolula donaron y prepararon. En esta ocasión sirvieron pollo con estofado. Aprovecho para hacer un paréntesis y presumirles que mi técnica de comer sin cubiertos usando únicamente tortillas ha mejorado significativamente y ahí mismo lo que no podía faltar fue la “hazaña” de alguien que al levantarse por un momento de la silla no se percató que ésta se había caído y terminó en el suelo, si, ese alguien fui YO.
Por la tarde continuó el arribo a esta fiesta de peregrinos quienes por lo general pernoctarían ese día ahí. Ya entrada la noche en el atrio de la parroquia se hizo la tradicional quema del castillo.
El domingo hubo misa y se sirvió nuevamente almuerzo y comida a los asistentes quienes se regresaron hasta el lunes por la mañana a sus lugares de origen.
Es así como todo pueblo de Tlacolula se une para llevar a cabo una de las fiestas más emotivas y coloridas del año (además de la fiesta del Rosario, una semana antes). La solidaridad y alegría de este pueblo es algo que me sorprendió de esta nueva experiencia que en verdad recomiendo a todos aquellos que puedan asistir.
Quiero agradecer en especial a los cordinadores de la parroquia y al comité de festejos por haber sido excelentes anfitriones y guías que hicieron que la pasara tan bien.

Espero regresar pronto y ahora sí poder cargar una maramota, de preferencia antes de comenzar a tomar mezcal.

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