Cómo empecé a vivir de la fotografía profesional

La fotografía llegó a mi vida mucho antes de que imaginara que algún día podría vivir de ella.

Descubriendo la pasión

Cuando era niño, mi papá solía fotografiarnos constantemente a mis hermanas y a mí. Con el tiempo llegó mi mi primera cámara y, sin saberlo, también llegó una pasión que me acompañaría durante el resto de mi vida.

Años después, mientras realizaba un intercambio estudiantil en Dinamarca, compré mi primera cámara réflex. Fue ahí donde descubrí el mundo la fotografía desde una perspectiva profesional. Durante unas prácticas en un periódico tuve la oportunidad de conocer el trabajo fotográfico de cerca y entendí que eso era a lo que quería dedicarme.

Al regresar a México estudié Diseño Gráfico, especializándome en fotografía analógica. Cuando terminé la carrera, apareció la oportunidad que marcaría el inicio de mi camino profesional.

Mis primeros años como fotógrafo

Pocas semanas después de graduarme recibí una llamada de la bolsa de trabajo de la universidad. En Africam Safari buscaban con urgencia a un diseñador gráfico, fuí a las entrevistas y quedé contratado como auxiliar de diseñador gráfico.

Mi plan era quedarme solamente seis meses mientras terminaba mi tesis y regresaba a Oaxaca. Sin embargo, esos seis meses terminaron convirtiéndose en 12 años en Africam.

Fue una etapa extraordinaria. Además de diseñar material publicitario, una parte importante de mi trabajo consistía en generar contenido fotográfico para el parque. Todos los días representaban una oportunidad para aprender algo nuevo.

El trabajo era realmente divertido y mi función ahí era hacer la publicidad y generar el material fotográfico, entre muchas otras cosas. Fue ésta sin duda una época de MUCHO aprendizaje y muy divertida, tenía uno de los mejores trabajos, en verdad.

El regreso a Oaxaca

Cuando cerré ese ciclo regresé a Oaxaca para integrarme al negocio familiar. Sin embargo, nunca dejé la fotografía.

Seguí fotografiando, estudiando y buscando nuevas formas de crecer. Durante esa etapa tuve la oportunidad de tomar un taller con taller con Mary Ellen Mark, reconocida fotógrafa documental. Esta experiencia reforzó mi interés por contar historias a través de las imágenes.

Comencé entonces a recorrer comunidades y festividades de los Valles Centrales de Oaxaca, documentando tradiciones y momentos cotidianos.

De esa inquietud nació ‘Divino Pretexto’ , un proyecto documental dedicado a registrar fiestas y tradiciones populares de Oaxaca.

Nuevos proyectos y nuevas búsquedas

La curiosidad por crear cosas distintas y mi pasión por los viajes me llevaron a explorar nuevos caminos.

Durante un viaje a Islandia nació Usted No Está Aquí, un proyecto de fotografía conceptual que me permitió combinar dos de las cosas que más disfruto: viajar y crear imágenes.

Con el tiempo, parte de este trabajo ha sido exhibido en ciudades como Oaxaca, Nueva York y París.

Ver esas fotografías colgadas en una galería fue una confirmación de que vale la pena perseguir las ideas que nos entusiasman, incluso cuando parecen difíciles o poco convencionales.

Compartiendo el camino

La llegada de las redes sociales abrió una nueva etapa.

A través de Instagram he podido compartir mis proyectos con miles de personas, conocer gente extraordinaria, colaborar con marcas y construir una comunidad interesada en Oaxaca, la fotografía y los viajes, por cierto ¿ya conoces mi cuenta?.

Muchas de las oportunidades profesionales que han llegado a mi vida durante los últimos años nacieron precisamente de mostrar mi trabajo de manera constante.

Cuando la fotografía y la escritura se encontraron

Con el tiempo descubrí que había otra pasión que podía complementarse perfectamente con la fotografía: escribir.

A finales de 2016 comencé a colaborar con Vogue México y Latinoamérica, compartiendo historias y experiencias sobre algunos de los destinos que he tenido la fortuna de visitar.

Fue una forma distinta de contar historias, pero con el mismo objetivo: transmitir emociones, experiencias y lugares que merecen ser conocidos.

Reinventarse en tiempos inciertos

En octubre de 2020, mientras el mundo aún intentaba adaptarse a los efectos de la pandemia, decidí comenzar una nueva etapa profesional: ofrecer sesiones fotográficas en Oaxaca.

Aunque llevaba muchos años trabajando en fotografía, debo admitir que al principio tuve dudas. Como le ocurre a muchas personas, apareció el famoso síndrome del impostor. Me preguntaba si realmente estaba listo, si sería capaz de ofrecer una experiencia a la altura de las expectativas de mis clientes y si lograría abrirme camino en un mercado tan competido.

Aun con esas dudas, decidí intentarlo.

Comencé poco a poco, fotografiando parejas, viajeros, familias y personas que querían llevarse un recuerdo especial de Oaxaca. Con cada sesión fui ganando confianza, aprendiendo más sobre las personas, sobre la ciudad y sobre la importancia de crear imágenes que conectaran emocionalmente con quienes estaban frente a mi cámara.

Lo que comenzó como una apuesta personal terminó convirtiéndose en una de las decisiones más importantes de mi carrera.

Hoy, varios años después, he realizado más de 560 sesiones fotográficas en Oaxaca, teniendo la oportunidad de conocer personas de distintas partes de México y del mundo, además de mostrarles la belleza, la cultura y la esencia de una ciudad que amo profundamente.

Más allá de las fotografías entregadas, lo que más valoro son las historias, las conversaciones y las experiencias compartidas con cada persona que ha confiado en mi trabajo.

Cada sesión me recuerda que nunca es tarde para comenzar algo nuevo, incluso cuando las dudas intentan convencernos de lo contrario.

Presente y futuro

Tengo varias ideas y proyectos en mente, quiero hacer muchas cosas y ya estoy trabajando en ello, deseo vengan más años de mucha creatividad y trabajo.

La fotografía ha sido y es para mi una pasión que me libera y me transporta, que me desconecta y me permite escucharme, me gusta sentir la adrenalina de esos momento álgidos donde me encuentro rodeado de acción, donde agudizo mis sentidos para estar atento a lo esta sucediendo y en el momento en el que mi vista le hace caso a mi corazón… ¡disparo!, en el momento justo. Eso me hace feliz. Amo hacer fotos.

Así fue como la fotografía me encontró. ¿Cómo te encontró a ti tu pasión?

¿Cómo vivir de la fotografía profesionalmente?

Aquí te comparto algunas formas para poder vivir de la fotografía profesional, checa estas formas en las que puedes monetizar tu pasión.

  1. Dando clases
  2. Impartiendo talleres
  3. Haciendo sesiones fotográficas
  4. Cubriendo eventos sociales
  5. Vendiendo fotos impresas
  6. Exponiendo en galerías
  7. Vender en bancos de imágenes
  8. Trabajar en una editorial
  9. Fotos para pequeñas empresas
  10. Hacer un blog
  11. Participa en concursos
  12. Redes sociales (influencer)
  13. Guías digitales y productos educativos.

¿Cuál crees que haga falta?

Lo que aprendí después de más de 25 años como fotógrafo

Si algo me ha enseñado la fotografía es que las mejores lecciones rara vez tienen que ver con cámaras, lentes o configuraciones. Con el paso de los años he descubierto que el verdadero aprendizaje ocurre detrás de cada experiencia, de cada error y de cada persona que se cruza frente a mi lente.

Estas son algunas de las lecciones que más han marcado mi camino.

1. El equipo importa menos de lo que creemos

Durante años pensé que la siguiente cámara o el siguiente lente me ayudarían a hacer mejores fotografías. Con el tiempo entendí que las imágenes más memorables nacen de la observación, la paciencia y la sensibilidad.

La tecnología cambia constantemente, pero la capacidad de contar historias sigue siendo lo más importante.

2. La constancia siempre supera al talento

He conocido fotógrafos con un talento extraordinario que abandonaron el camino demasiado pronto y otros que, sin considerarse especialmente talentosos, lograron construir carreras exitosas gracias a su disciplina.

La fotografía es una carrera de resistencia, no de velocidad.

Los resultados suelen llegar para quienes siguen trabajando cuando la emoción inicial ya desapareció.

3. Las personas son más importantes que las fotografías

Durante mucho tiempo pensé que mi trabajo consistía en hacer imágenes.

Hoy sé que mi trabajo consiste en conectar con personas.

Ya sea fotografiando una tradición en Oaxaca, una pareja de viaje o una familia, las fotografías cobran valor porque representan momentos, emociones e historias reales.

Las personas siempre recordarán cómo las hiciste sentir mucho más que los detalles técnicos de una imagen.

4. El síndrome del impostor nunca desaparece por completo

Cuando comencé a ofrecer sesiones fotográficas en Oaxaca en 2020, después de más de dos décadas dedicándome a la fotografía, todavía tenía dudas sobre mí mismo.

Pensaba que quizá no estaba listo o que otros fotógrafos eran mejores.

Con el tiempo entendí que la confianza no aparece antes de actuar; aparece después de hacerlo una y otra vez.

Hoy, después de más de 550 sesiones realizadas, sigo aprendiendo cosas nuevas, pero también aprendí que no es necesario sentirse listo para dar el siguiente paso.

5. La fotografía me ha regalado mucho más que imágenes

Gracias a la fotografía he conocido lugares increíbles, personas extraordinarias y oportunidades que jamás imaginé.

Me ha llevado a publicar, exponer, viajar, enseñar y colaborar con personas y marcas que admiro.

Pero lo más valioso no han sido los reconocimientos ni los proyectos, sino todas las experiencias vividas en el camino.

Las fotografías son el resultado visible de una vida llena de historias.


Reflexión final

Si pudiera darle un consejo a quien está comenzando, sería este:

No esperes a sentirte completamente preparado.

La mayoría de las oportunidades importantes de mi vida llegaron antes de que me sintiera listo para ellas.

Empieza con lo que tienes, aprende sobre la marcha y sigue creando.

Porque muchas veces la diferencia entre un sueño y una profesión no está en el talento, sino en la decisión de intentarlo.