Nuevo hospedaje de gran lujo en la Habana

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Ve alistando las maletas.

 

 

 
 
 
 
 
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No sé tú pero yo, tan pronto pongo un pie en el hotel quiero comenzar a recorrer la zona y conocer, eso fue lo que hice recién llegué al hotel Iberostar Grand Packard y es que que en cuanto estábamos llegando vi gente en la calle cuando era la media noche, le pregunte al taxista si era seguro salir a esa hora y me dijo: La Habana es muy segura a cualquier hora, si desea salga y camine para que lo compruebe.

 

 

 

Bajé del taxi y entré por aquella bella y gran puerta de cristal con su alfombra roja para poder llegar al lobby y hacer el check in, ahí amablemente su personal ya me esperaba, todo fue tan rápido que me dio tiempo de subir a buscar a mi amiga Diana quien había llegado de España un par de horas antes que yo.

 

 

Pareció que sabían que llegaría con hambre, me tenían en la habitación un plato con embutidos ibéricos y otra con chocolates, fue entonces que los dos juntamos en una de las habitaciones para cenar y platicar en lo que nos actualizábamos luego de 11 meses de no vernos.

Ella es como yo, nos gusta aprovechar todo momento para disfrutar más de nuestros viajes así es que a la 1 am decidimos salir a caminar y es que la ubicación del hotel es privilegiada, está en un extremo del Paseo del Prado que te lleva directo hasta el Capitolio pasando por varias casa que son un tesoro arquitectónico, así como el Gran Teatro de La Habana. Ambos deseábamos que ya amaneciera para poder disfrutar del hotel y la ciudad.

 

 

 

El viaje aunque no fue largo desde la Ciudad de México, me cansó un poco, por lo que dormir en esa cómoda habitación y descansar fue de lo más reconfortante y reparador, es más, por un momento deseé no levantarme.

 

 

Era temprano cuando salimos de nuevo a caminar, enfrente está el malecón, de hecho todo nos quedaba cerca caminando, queríamos hacer muchas cosas pero por suerte era apenas el primer día.

 

 

 

Volvimos un par de horas después porque el hambre nos ganaba, así es que pudimos disfrutar de un gran buffet para todos los gustos, lo complicado era elegir qué desayunar. ¿No aman ese tipo de desayunos que lo tienen todo?.

 

 

Lo primero que nos llamó la atención al salir nuevamente fue un impecable Chevrolet rojo del ’55 estacionado que contrastaba con la fachada antigua y es que el Hotel Iberostar Grand Packard renace sobre lo que antes fue el Hotel Biscuit y conservó parte de su arquitectura original para fusionarla con este nuevo toque de modernidad creando un nuevo ícono en la ciudad.

 

 

 

 

 

 
 
 
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Salir a hacer fotos y recorrer La Habana fue muy cómodo porque podíamos volver al hotel a comer, a dejar cosas o a recargar ‘pila’ sin alejarnos de las zonas que deseábamos recorrer. Algo que también disfrutábamos era descansar en la zona de la alberca pues las vistas desde el sexto piso eran privilegiadas y los atardeceres desde ahí lucen fantásticos. Sólo de recordar me dan unas ganas infinitas de volver a nadar ahí.

Los días fueron pasando y pues tanto por ver nos llevaron a caminar prácticamente todos los días, lo mejor fue poder recibir el último día un masaje relajante de cuerpo completo, fue tan bueno que lo confieso, no sólo me dormí por unos instantes, ¡hasta di un par de ronquidos!. Así de relajante estuvo el masaje.

 

Hotel iberostar en La Habana

 

¿A poco no es triste despedirse del lugar de donde uno pasó una agradable estancia?. Así me pasó, no me quería ir, pero bien dicen que para volver primero hay que irse.

Hasta pronto Cuba.