Explorando lugares poco conocidos de Rusia: Krasnoyarsk

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Como embajador de Siberia por parte del proyecto digital Follow Up Siberia que patrocina Nornickel, fui invitado nuevamente a esa enigmática región de Rusia para visitar Krasnoyarsk, ciudad sede de la Universiada de Invierno 2019.

 

 

 

 

Escalas en Ciudad de México, París y Moscú me llevaron a esta remota ciudad a orillas del río Yeniséi que cuenta con un poco más de 1 millón habitantes.

Una gran despliegue de voluntarios en el aeropuerto de Krasnoyarsk me hizo sentir en ambiente festivo además que en nuestro vuelo venían jóvenes atletas de muchos países, todos ellos aspirantes a alguna de las preseas en las distintas disciplinas de esta magna deportiva.

 

 

La ciudad estaba lista y mostrando lo mejor al mundo, la mascota U-Laica daba la bienvenida a todos los visitantes una vez que se cruzaba la puerta automática de llegadas. La música clásica no venía de alguna fuente grabada, era una orquesta en vivo que interpretan alegres melodías clásicas, Krasnoyarsk estaba orgulloso de dicho evento.

 

 

Nosotros veníamos de nueve distintos países para para cubrir dicho evento y compartir nuestras aventuras y emociones, éramos personas de varias culturas viviendo algo nuevo, ya estábamos también de fiesta, no había forma de no entrar en ese ambiente donde todo hacía alusión a tan grande acontecimiento.

 

 

¿Cómo es Siberia en realidad? Descúbrelo dando clic aquí.

 

 

Asistir a una ceremonia de apertura fue algo que no había tenido la oportunidad de presenciar con anterioridad, un evento con una gran producción y donde incluso el mandatario ruso estuvo presente. No podía pedir más, teníamos asientos de primera fila, asientos ideales para presenciar y capturar dicho espectáculo que mostraba las raíces de Rusia y en específico Siberia. Pirotecnia, música, fuego, danzas, trajes típicos y grandes voces hicieron de esa noche algo realmente emotivo que difícilmente olvidarse. Vaya honor.

 

 

Sorpresa, ahí venía la única mexicana en el desfile de delegaciones entrando al estadio, la que puso a México presente en el evento y por la que había puesto nuestra banderas tricolor presente en plazas y sitios donde se mostraban las delegaciones participantes, ella competiría en patinaje artístico. Confieso, lo tenía que hacer, aguarde por el momento preciso, respire profundo y grite fuerte ¡Viva México!, creo que me oyó, volteó y como pudo saludó con una sonrisa. Bien dicen que nunca hay un mexicano solo en el mundo, ya éramos dos en Krasnoyarsk, estamos en todos lados.

Tuvimos días para presenciar algunas de las competencias, jóvenes que hacían parecer su disciplina algo sencillo, como si cualquiera pudiera hacerlo pero pensé en mi fallido intento con el snowboard en mi viaje anterior y recordé que no, no era cosa fácil.

Caras de emoción al lograr colarse entre los tres mejores de cada disciplina daban testimonio de que el trabajo y perseverancia daban resultados, esos rostros lo decían todo, lograban su objetivo, el de ser los mejores y aún siendo tan jóvenes les da el carácter para seguir luchando por más logros y sueños, lección que me llevo de estos chicos y chicas que viajaron, algunos desde muy lejos para estar presentes.

 

 

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Krasnoyarsk tiene también sitos espectaculares que asombran a todos los que se adentran en sus paisajes convertidos en reservas para asegurar tanto su conservación como la de sus especies que ahí habitan. Stolby es un gran ejemplo de aquello, un sitio enorme que cuenta con fantásticas y caprichosas formaciones rocosas que imponen, bellezas naturales bañadas en nieve que le dan un toque especial. Un decorado que me recordó lo lejos que estaba del clima cálido de casa.   Para agregar más emoción a toda esta experiencia, tuvimos la oportunidad de dirigirnos a las afueras para poder probar algo que no había hecho anteriormente, hacer moto de nieve pero ahora sobre un río congelado, así es, sobre el río Yeniséi que es el 5° más largo del mundo y que atraviesa prácticamente todo Siberia de sur a norte. Dudaba si era seguro estar sobre el río hasta que vi una camioneta transitar sobre el, ahí mi duda quedó despejada y obtuve la seguridad necesaria para enfocarme únicamente a disfrutar. Mi amigo Stef de Grecia manejó la moto, yo sería el encargado de hacer fotos y videos para compartir en redes, el trato estaba hecho y la emoción a tope, urgía entonces que pudiéramos encender los motores para dar ya paso a esto, una gran aventura que para ser sinceros desconocía lo que ofrecería más adelante. Bien abrigados dimos marcha adelante, una vez tomado el control y confianza sobre la moto le pudo dar más velocidad. Era un desplazamiento suave y veloz, algo que se sentía en el corazón con esa adrenalina y un tanto de frío que se colaba por las orejas. El casco limitaba un poco la visión pero era necesario llevarlo, entonces querer verlo todo y no perderme de nada me hacía girar la cabeza de un lado y luego del otro, todo lucía diferente a lo que había visto antes. Todo era espectacularmente bello.

 

 

 

 

 

 

 

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La persona que nos guiaba nos iba llevando a distintos lugares para hacer paradas y disfrutar de caprichosas formaciones que el hielo había hecho con el entorno, espacios intervenidos que daban lugar a algo sorprendente.

Capturé lo más que pude con la cámara pero otras cosas me las guarde en la mente, esa mañana llené mi vista de cosas realmente bellas.

 

 

Realmente disfruté mis días por estas tierras donde la gente fue amable con nosotros y nos dio razones para seguir comprobando que este país está lleno de corazones cálidos, razones suficientes para desmentir que esta tierra siempre es fría.

 

Mira este video que hice por Krasnoyarsk

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